03/12/2018 | Isela Guzmán Huerta

En nuestra práctica diaria nos enfrentamos a nuevos retos y en ocasiones abordamos situaciones asociadas a un riesgo eminente para el adolescente. Esto nos obliga a tomar decisiones para proceder de la mejor forma  y nuestro actuar se convierte en un dilema ético y profesional ya que brota una confrontación de valores, normas y principios éticos, así como de derechos y obligaciones.

Es importante resaltar que estamos inmersos en contextos sociales y culturales globalizados con diferencias y desigualdades en recursos, modos y condiciones de vida, “donde coexisten valores tradicionales y sus reinterpretaciones con valores nuevos se manifiestan con tensión entre las fuerzas que tienden a conservar valores y formas de vida con las que buscan nuevas posibilidades a pesar de los riesgos e incertidumbres” (Escobar y Aristizabal, 2011) y donde la relatividad nos genera mayor conflicto en nuestro actuar.  Todo lo anterior motiva a reflexiones éticas y nace la necesidad de contar con una línea universal que guíe nuestro actuar y es ahí donde la bioética busca respuestas.

Pero,  ¿qué es la bioética? Aún no se ha llegado al acuerdo si es una ciencia, disciplina, doctrina, saber, discurso o movimiento, pero todos coinciden en que es al mismo tiempo todas las anteriores, pues como dice Molina (2011) “la bioética es la ética de la existencia, debe ser una práctica social centrada en el respeto de la vida”. Ya que el ser humano está al centro de sus preocupaciones, debido a que en “cuanto más nos interesemos por las personas, tanto más nos sentiremos interesados por la vida en general” (Mead, 1982).

La bioética es un campo complejo de encuentro y desencuentro, más o menos conflictivo, en donde convergen y divergen diferentes perspectivas, múltiples enfoques morales e ideológicos, así como varios grupos de poder y de interés. No es sólo conocimiento y reflexión teórica y abstracta  en torno a los problemas de la vida en general, sino que desde sus comienzos se ha comprometido con prácticas deliberativas que propicien la participación amplia de todos los interesados y están dirigidas a ayudar a la toma de decisiones éticas acordes a un contexto particular y, a partir de allí, hacia la creación de reglas y principios más generales y universales.

La bioética se considera ya una práctica establecida en diversos escenarios tanto en actividades académicas, ámbito clínico, evaluación de proyectos de investigación y recomendaciones sobre políticas públicas. Para llevar a cabo estos procesos de deliberación la bioética se orienta en cuatro principios: no maleficencia, respeto a la autonomía, beneficencia y justicia, los cuales fueron  propuestos por Beauchamp y Childress en 1999. Para estos autores no existe una jerarquización a priori de los principios ya que cada uno de ellos tiene su propio valor y son prima facie, es decir que son obligatorios siempre y cuando no entren en conflicto; y cuando lo hay, se deben encontrar argumentos para sostener las normas que deben prevalecer.

  • El principio de no maleficencia: la obligación de no hacer daño a otros, de prevenirlo, evitarlo o rechazarlo y prevalece sobre el de beneficencia, porque no permite hacer daño a otros para salvar vidas y evita causar daños y perjuicios (Molina, 2011).

  • Respeto a la autonomía: establece la necesidad de respetar la capacidad de las personas para tomar decisiones autónomas. Incluye una obligación positiva que requiere trato respetuoso a través de intercambios de información y otras acciones que estimulen la toma de decisiones autónomas (Escobar y Aristizabal, 2011).

  • Beneficencia: realizar el bien y no solo desearlo. Así mismo este principio incluye prevenir y eliminar el daño,  proteger y defender los derechos de los otros  y equilibrar beneficios y riesgos (Molina, 2011).  Es la excelencia en los ejercicios de la profesión.

  • Justicia: es la garantía de distribución justa de beneficios, riesgos y costos. La justicia distributiva busca solidaridad social, mediante la distribución igual, equitativa y apropiada de bienes materiales, derechos y responsabilidades (Molina, 2011).A estos principios de les ha considerado como el mejor esbozo moral para la bioética y se ha propuesto un orden que ayude en la toma de decisiones. De tal suerte que son principios de mayor peso moral, deberes de obligación perfecta, aquellos que corresponden a derechos intersubjetivamente reconocidos como tales, de exigencia ético-jurídica, nivel 1 (únicos): No maleficencia y Justicia. Por otro lado, los principios de menor peso moral, deberes de obligación imperfecta, que corresponden al ámbito de la moralidad, de la excelencia, de nivel 2 (relativos): Autonomía y Beneficencia.

    Según Escobar y Aristizabal (2011) la metodología que propone la bioética para la toma de decisiones es similar al proceso correspondiente en el área clínica: incluyen razonamiento con base en probabilidades y en situaciones de incertidumbre, prudencia y deliberación; esto permite examinar los problemas en toda su complejidad, describir los hechos desde las diferentes disciplinas, ponderar los principios y los valores implicados así como las circunstancias y consecuencias de los casos e identificar los cursos de acción posibles. El punto óptimo de acción no suele estar en los extremos, sino en el medio o cercano a él; donde los principios fungen como guías para tales decisiones. Estos autores creen que los principios no se aplican, sino que se explican, se ajustan, se especifican y se equilibran en casos concretos y a tareas específicas para la toma decisiones en dilemas éticos donde el ser humano está al centro y ante todo se busca promover su dignidad.

    Ahora bien, con base en lo anterior: ¿Podría ser la bioética y sus principios una guía que nos  ayude a actuar prudentemente en los dilemas éticos y profesionales que surgen en nuestra práctica diaria? En los contextos actuales donde predomina la inmediatez, lo cual a su vez obstaculiza la deliberación y por ende la actuación prudente, ¿qué tan importante es fomentar en los adolescentes agentes de cambio en las sociedades actuales y futuras estos principios, así como el sentido de responsabilidad social y humana y capacidad de escucha y de discernimiento ante la gran cantidad de información de la que se encuentran bombardeados?

Psic. Isela Guzmán Huerta
Facilitadora del Programa Axios-Altos
Misión Mujer A.C.

Referencias

  • Beauchamp, T. L. Y Childress, J. F. (1999). Principios de ética biomédica. Barcelona: Masson, 113–378.

  • Escobar T. J.  Aristizabal T. Ch. (2011). Los principios en la bioética: fuentes, propuestas y prácticas múltiples Revista Colombiana de Bioética 6, 76-109.

  • Gracia, D. (2008) Fundamentos de Bioética. Madrid: Editorial Triacastela. 5–19.

  • Hottois, G. (2007). ¿Qué es la bioética? Bogotá: Vrin, Universidad El Bosque, 61

  • Mead, G. H. (1982). Espíritu, persona y sociedad. Buenos Aires: Paidós 385.

  • Molina R. N. (2011). ¿Qué es la bioética y para qué sirve? Un intento de pedagogía callejera, Revista Colombiana de Bioética,  6  (2),  110-117.

  • Potter, V. R. (1971). Bioethics: bridge to the future. Englewood Cliffs, New Jersey: Prentice-Hall, vii.

  • Simón, P. Couceiro, A. Barrio, I.  (1999). Una metodología de análisis de los problemas bioéticos. En: Couceiro, A. (Editora), para clínicos. Madrid: Editorial Triacastela, 362.