06/04/2018 | Psic. Mercedes Vaquero Padilla

“Este rostro en el espejo me mira fijamente y pregunta: ¿Quién eres? ¿En qué te convertirás?
Y se burla. Ni siquiera lo sabes.
Escarmentada, me avergüenzo y lo acepto y luego sólo porque aún soy joven le saco la lengua…”
-Eve Merriam, “Conversation with Myself”, 1964.

              Durante el paso del tiempo se ha dado mayor importancia al estudio y comprensión de la adolescencia. El simple hecho de tener clara la definición de los términos y conceptos que involucran a la adolescencia ha sido un gran hallazgo histórico. Aun así, me atrevo a decir que dicho esclarecimiento actualmente continúa siendo un reto no solo para los expertos o profesionales en la materia, sino también un reto cultural y social.

Ya en 1968 Erikson afirmaba que la principal tarea de la adolescencia es confrontar la crisis de identidad frente a la confusión de identidad. Dicha identidad está compuesta por metas, valores y creencias con las que la persona establece un compromiso sólido; de modo que pueda convertirse en un adulto único con un coherente sentido del yo y un rol valorado en la sociedad.

Sin embargo creo que en nuestra época la adolescencia más allá de ser una etapa evolutiva forzosa y necesaria para alcanzar la madurez, se ha convertido en una construcción social mal enfocada. Además, se encuentra marcada por una tonalidad negativa, relacionándola directamente con carencias, ineficiencia, alteraciones afectivas, tormentas emocionales, malestares y demás adjetivos descalificativos que se han hecho propios de la adolescencia. En lo particular puedo afirmar que Erikson habla del esfuerzo de un adolescente por dar sentido y congruencia a su yo; y no de una especie de malestar madurativo del cual es víctima. Por el contrario, la búsqueda de identidad forma parte de un proceso indispensable, saludable y vital que tiene que sentar bases para afrontar los desafíos de la siguiente etapa que es la adultez.

Dentro de esta construcción que nos hemos formado acerca de la adolescencia podemos preguntar: ¿cómo es que aún existen confusiones al momento de describir la pubertad y la adolescencia? Tal es la confusión que se termina por creer que son lo mismo. Hay que comenzar por tener claro que la adolescencia no es tan solo una etapa biológica que inicia precisamente con la pubertad. Para esto es necesario establecer como punto de partida que en la adolescencia no solo intervienen factores biológicos, sino que también la determinan los procesos cognitivos, factores psicológicos y factores sociales.

Son precisamente los factores sociales a los que quiero hacer alusión en este espacio. Pues son estos factores los que también construyen la idea de la adolescencia, que la imaginan, que generan expectativas, que la proyectan. En la actualidad la adolescencia se encuentra bombardeada de etiquetas como nunca antes. Pues en nuestro afán de entender -algunos a su conveniencia- las generaciones actuales de adolescentes hemos buscado infinidad de etiquetas que los califique, que los defina, que los encasille, que los encierre o que los cautive.

Estamos asustados porque los adolescentes de la generación actual no caben en el molde que nos asignó nuestra familia y sociedad. Se ha creado una crisis generacional porque lo que yo aprendí, los recursos con los que yo me formé ya son obsoletos al momento de querer educar y formar a mi hijo adolescente. Ante esto parece que las familias de hoy buscan implementar como único recurso el ensayo y error, y eso no es lo complicado, sino que aun cuando es evidente el error, siguen intentando el mismo recurso una y otra vez tan solo para evitar el sentimiento que les puede provocar el no hacer nada. Pues ahora para ellos es mejor hacer algo, aunque se tenga conocimiento de que no funciona, al hecho de no hacer nada.

Pero no hacer nada no tiene que ser la última opción, después del error deben existir más opciones que me permitan generar, crear, o fomentar el cambio ante algo que claramente no está funcionando. A pesar de lo expuesto con anterioridad, mi afán no es desprestigiar la ardua labor que realizan las familias y sobre todo los padres de familia. Mi intención es cuestionarnos: ¿Qué estamos haciendo? Qué estamos haciendo como familia, como profesionales, como personas miembros de una sociedad que directamente somos totalmente -aunque no exclusivamente- responsables de la educación y formación de nuestros adolescentes.

Para finalizar quiero que nos cuestionemos si acaso hemos creado el concepto de la crisis adolescente por la necesidad de justificarnos como familia y sociedad y no hacernos responsables del contenido que les hemos transmitido a nuestros adolescentes. De una u otra manera los hemos querido dominar y mantenerlos por fuerza dentro de nuestras expectativas, roles o responsabilidades.

Todo esto abre la puerta a las siguientes interrogantes: ¿Será que realmente tan solo son demandas y exigencias actuales a las que están expuestos los adolescentes y que somos los adultos los que estamos en crisis porque no logramos deshacernos de nuestra historia de vida y comprender la nueva generación? ¿La adolescencia está cumpliendo su cometido? Es decir, la etapa de la adolescencia debería ser un estadio de construcción, maduración y consolidación de la identidad. ¿O más bien se ha convertido en un proyecto inconcluso generación tras generación condenada al fracaso?

¿Cuáles son las posibilidades actuales para que un adolescente se proyecte y se le reconozca en el mundo? ¿Por qué la adolescencia se ha convertido en la búsqueda de placeres inmediatos? ¿Y por qué ahora es tendencia que el adulto trate de emular al joven? Pero sobre todo, ¿Cuándo nos empezó a preocupar el adolescente?

Las preguntas suelen ser abrumadoras cuando sentimos que no tenemos la respuesta. En este mismo sentido, se trata de cuestionarnos y responsabilizarnos, de ir más allá de lo evidente y deshacernos de este síndrome de tan solo señalar el error. Es necesario empezar a reflexionar de una manera íntima y trascendental, para así dejar de ser tan solo espectadores.

 

Mercedes Vaquero Padilla

Lic. Psicología. Estudiante de la Maestría en Educación Familiar por la Universidad Panamericana

Facilitadora del Programa Axios-Altos

AXIOS-Misión Mujer A.C.