Ser o no ser, he aquí la cuestión. O será acaso que las preguntas que nos tenemos que hacer son: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos? Según Salvador Minuchin el hombre sobrevive en grupos. Eso es inherente a la condición humana, el hombre ha sobrevivido en todas las sociedades a través de su pertenencia a diferentes agrupamientos sociales. En la medida en que las sociedades se hacen más complejas y se requieren nuevas habilidades se diferencian estructuras sociales. La civilización urbana y no urbana industrial moderna le plantea al hombre dos requerimientos conflictivos: la capacidad de desarrollar habilidades altamente especializadas y la capacidad para una rápida adaptación a un escenario socioeconómico que se modifica constantemente.

La familia siempre ha sufrido cambios paralelos a los cambios de la sociedad. Se ha hecho cargo y ha abandonado las funciones de proteger y socializar a sus miembros como respuesta a las necesidades de la cultura. En este sentido, las funciones de la familia sirven a dos objetivos distintos: uno es interno – la protección psicosocial de sus miembros–, el otro es externo – la acomodación a una cultura y la transmisión de la misma–.

El mundo occidental se encuentra en un grado de transición y la familia, que siempre debe acomodarse a la sociedad, se modifica juntamente con él. Pero debido a las dificultades transicionales, la tarea psicosocial fundamental de la familia – apoyar a sus miembros- ha alcanzado más importancia que nunca. Es bien sabido que en todas las culturas la familia imprime a sus miembros un sentimiento de identidad independiente. Siguiendo el hilo de pensamiento de Minuchin (1974) «la experiencia humana de identidad posee dos elementos: un sentimiento de identidad y un sentimiento de separación. El laboratorio donde estos elementos se mezclan y se proveen es la familia, la matriz de identidad».

Es en las primeras etapas de vida de cualquier persona cuando la identidad y la conducta se van moldeando o programando; proceso que se ve influido por las personas más cercanas al individuo. El infante debe entonces adaptarse al contexto que le rodea – las conductas o reglas implícitas o explicitas- por un lapso de tiempo determinado. Una vez mencionado lo anterior, es importante hacer énfasis que la familia nuclear es donde se estructura el psiquismo, por ello, si se desea responder a las preguntas planteadas en un principio, es importante remitirnos a ella. Sabemos que el individuo que vive en el seno de una familia es un miembro de un sistema social al que debe adaptarse, es decir, lo que se dicte en la familia -de manera implícita o explícita- es lo que llevamos mucho tiempo con nosotros.

Aterrizando todo lo anterior a nuestro contexto, ¿qué pasa cuando nuestros adolescentes están adaptados a procesos de comunicación e interacción deficientes o disfuncionales?; ¿qué pasa cuando en su familia no hay estabilidad?; ¿qué pasa cuando en su familia lo único que se les brinda son carencias, distorsiones, restricciones y pautas perjudiciales (adicciones, violencia, conductas delictivas, etc.)? Dicen que somos lo que nuestra familia nos permite ser, ¿será esto cierto?

Como sabemos, existen dos etapas esenciales en la formación de estructuras mentales: por un lado, en la infancia el niño va a generar las adaptaciones correspondientes al sistema primario, la familia; mientras que en la adolescencia se tienen que llevar a cabo adaptaciones a los sistemas extrafamiliares: amigos, pares, compañeros, autoridades, adversarios, etc. Usualmente estas adaptaciones son diferentes a las que se configuran en la familia de origen.

En mi opinión, los adolescentes empiezan a desarrollar funciones mentales diferentes a las que la familia les brinda, entonces, esto es una oportunidad de salir del sistema de creencias brindado por ella: es una oportunidad de romper estructuras. Es importante que los adolescentes sepan que pueden hacer su propia historia, que no son fotografías congeladas de sus padres, por ello considero importante fomentar en ellos la búsqueda de información, ya que nos comportamos según los datos que manejamos. Entonces, el acceso a otro tipo de información podrá ayudarles a crear una epistemología que sirva como marco de referencia para leer las cosas de forma diferente, para que así puedan cambiar ellos y por ende su contexto.

Sabemos que la información es poder, entonces, fomentemos en los adolescentes la capacidad de cambiar esta visión determinista de repetir los mismos patrones o pautas de conducta que se viven en la familia de origen. Impulsemos a los adolescentes a hacer cosas diferentes, pero pensando divergente. Si bien la familia brinda información relacionada con respecto a los orígenes… el quién soy y a dónde voy lo determino yo.

REFERENCIAS

-Minuchin, S (1974) Familias y Terapia Familiar. Editorial Gedisa: Barcelona.

-Watzlawick, P (1985) Teoría de la comunicación humana. Editorial Herder: Barcelona.

-Boszormenyi-Nagy, I / M. Spark, G (1973) Lealtades invisibles. Editorial Amorrortu: Buenos Aires.

 

 

Terapeuta Familiar Sistémico Relacional

Terapeuta Familiar Sistémico Relacional

Facilitadora del Programa Axios-Altos

AXIOS-Misión Mujer A.C.

Imagen: Hemad, Their Home ©Nikkon